"Hay quien afirma que la novela de Cervantes fue concebida, en un principio, como una novela corta, cuya idea pudo haberse gestado a partir del anónimo "Entremés de los romances", en el que se dramatiza la historia de un labrador llamado Bartolo que, a fuerza de leer romances, pierde la cabeza y abandona su familia para ir en busca de aventuras.
A pesar de esa primera intención, la primera parte del Quijote, en la que se nos relatan las hazañas realizadas en sus dos primeras salidas - y en la que el "hilo principal" de la historia se interrumpe con cuatro historias intercaladas- consta de 52 capítulos, y la segunda, de 74.
Ciertamente, el Quijote no presenta un argumento en sentido estricto, sino que se desarrolla en torno a las innumerables peripecias que la pareja protagonista vive. Al igual que en el Lazarillo de Tormes, el espacio más representativo es el camino, porque es ahí donde le ocurren ( o donde él hace que le ocurran) la mayor parte de las aventuras, y es en los caminos donde tropiezan con ventas o posadas, lugares muy propicios para la mezcla y confusión de gente tan diversa como arrieros, pícaros, estudiantes, mercaderes. En esta "interrelación" de personajes, los hay que actúan de buena fe -caso del cura o del barbero-, pero hay muchos otros que se burlan del Caballero de la Triste Figura, cuando no lo maltratan.
Cervantes sigue, en principio, la norma de Valdés, tal como lo atestiguan las palabras de Maese Pedro en el Quijote :"Llaneza, muchacho. No te encumbres, que toda afectación es mala". Por eso, y especialmente por eso, parodia el estilo pretenciosamente culto, elevado y arcaizante de los libros de caballerías, aunque Sancho represente, por otra parte, un estilo propio de modismos, refranes y constantes incorrecciones idiomáticas.
Sin embargo, una de las grandes aportaciones de esta novela del siglo XVII - la mejor de todos los tiempos- es esa singular técnica narrativa. Cervantes finge haber tomado la historia de Don Quijote de varios lugares. Al principio y al final de la primera parte asegura haber seguido los hechos tal y como se mencionan en los "anales" y las "memorias de la Mancha". Por eso, a diferencia del novelista omnisciente, Cervantes nos habla con vaguedad de los hechos ( "En un lugar de la Mancha...") y vacila en el nombre de su protagonista. Además, en el capítulo IX nos sorprende con un ingenioso procedimiento: interrumpe la narración por no haber hallado -nos dice- "más escrito, destas hazañas de don Quijote". En este momento el autor se introduce como personaje dentro de su propia novela: nos da cuenta de su disgusto por no poder seguir el hilo de su historia y explica cómo al azar le llevó a descubrir en un mercado de Toledo ciertos papeles viejos escritos en caracteres arábigos, y cuyo autor es un tal Cide Hamete Benengeli. Pero para ampliar y complicar este perspectivismo de autor, Cervantes hace intervenir a un traductor morisco que traslada al castellano el manuscrito árabe ( sin duda, es una nueva parodia de los libros de caballerías, que se decían traducidos del griego o de otros idiomas extraños). ¿No será este artificio "novelesco" otra insistencia más de Cervantes al crear un mundo narrativo en el que se difuminen las fronteras entre lo real y lo imaginario?
Terminaremos hoy, destacando el tema de la locura en el Quijote. Hay, obviamente en la obra dos locuras destacables: la de don Quijote, el loco sabio y culto, y la de Sancho Panza, el loco simple y vulgar. Aquí se nos narra la historia de un apacible hidalgo manchego que pierde la razón debido a su desmedida afición a la lectura de libros de caballerías; locura que presenta distintas características a lo largo de la novela: en su primera salida, el protagonista sufre un desdoblamiento de personalidad que no volverá a producirse en el resto de la novela; en su segunda salida, don Quijote adecua sistemáticamente la realidad a su mundo ilusorio ( así ve las ventas como castillos, los rebaños como ejércitos, los molinos como gigantes, etc., etc.); en la tercera salida, deja ya de engañarse a sí mismo (son ahora los demás quienes transmutan la realidad para burlarse de él)". [ATA]